¡Cuánto daño ha hecho Disney a la pareja!

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La princesa indefensa presa en el castillo del malo de la película. El valeroso príncipe, capaz de superar todas las pruebas posibles hasta que la libera. Y, al final, los banquetes de perdices que presagian una felicidad de pareja sin fecha de caducidad.

Así se las gastan las historias que nos cuentan cuando somos pequeños. Años más tarde, aunque como seres adultos nos creamos libres de esas “ñoñerías”, en realidad seguimos siendo víctimas de la influencia de esas enseñanzas.

No es sólo Disney quien tiene la culpa que la pareja fracase

El resto se lo reparten en proporciones iguales los cuentos que nos contaban por las noches, las telenovelas, la telebasura que tan alegremente devoramos pese a ser un aniquilador de neuronas, las maravillosas series para adolescentes y toda la “cultura popular” que, quien más quien menos, hemos devorado en nuestra infancia y adolescencia.

Pero ¿qué relación tiene todo esto con la pareja? ¿Por qué afirmo que hace daño a las relaciones reales?

Pues sencillamente porque nos muestran un modelo de comportamiento ideal, como el del príncipe o la princesa de turno, que acaba por convertirse en espejo para muchos adultos.

La exigencia en la pareja

Las expectativas generan cierto grado de exigencia marital: nosotros también queremos algo que se parezca a lo de los cuentos. E insisto: aunque sea algo inconsciente, ahí está.

Si mi pareja no se parece al príncipe ideal que me gustaría tener, si a veces no se ducha, si el día a día es un poco aburrida, si escucho que se tira pedos, si no es tan romántica como yo querría, si no tiene inteligencia emocional ni muchas otras características de las que deseamos, entonces nos sentimos defraudados.

Pero la realidad es que estamos compartiendo nuestra vida con un ser humano, no con un personaje surgido de la imaginación de un escritor.

Un ser humano tan imperfecto como nosotros que, como mucho, podrá satisfacernos en un determinado porcentaje de nuestras expectativas.

Las imperfecciones en una pareja es parte de la vida en común

Así que si tu pareja se asemeja en un 60% o incluso en un 70% al príncipe azul que tanto deseas, ya puedes darte con un canto en los dientes… a no ser que seas de los que piensas que no te vas a contentar con menos del 100% y entonces decidas pasar tu vida entera buscando al “inencontrable perfecto”, como decía mi padre.

Así que de lo que se trata es de construir la mejor relación que podamos junto a nuestra pareja, teniendo en cuenta que tampoco hay que aguantar la infelicidad ni conformarse con todo.

Eso sí: baja un poco las expectativas y las exigencias que haces al otro y comprobarás que muchos de los problemas de pareja se esfuman.

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